Votando también se recupera la independencia

0

Ante las elecciones autonómicas del 25- S al Parlamento de la Navarra occidental o marítima, constatamos que la libertad y el bienestar se llaman Nafarroa osoa, o Navarra independiente, pues la pregunta principal -que nos debiéramos hacer- es si ahora vamos bien y si se ha dejado de llamar a las cosas por su verdadero nombre, cuando se está ocultando que en realidad somos sociedad navarra, aunque dividida y conquistada de continuo, y -a su vez- si con los planteamientos políticos que se exponen, desde las distintas fuerzas en estas elecciones, hay algún futuro que pueda merecer la pena. La ventana electoral autonómica es una oportunidad para -presentándonos y votando- expandir en todas las direcciones que hay una solución en el mensaje libertador a los graves problemas que nos acucian a todas y a todos.

Navarra es, desde el punto de vista jurídico-político, el nivel más elevado de la evolución de esta sociedad. Es la plena socialización de esta colectividad humana que hace mucho tiempo pasó de comunidad a sociedad, ascendió el escalón que la convirtió en sociedad política estatal, a la vez que iba desarrollando su sistema jurídico propio. Una sociedad política estatal es intrínsecamente, sustancialmente, independiente. La conquista la domina, somete, subordina, pero no se puede ocultar que por padecer la conquista continuada se vea negada en su existencia y limitada en el ejercicio de todos sus derechos.

La realidad es que la comunidad lingüística, o Euskal Herria, forma parte de Navarra que es el nombre de la sociedad política estatal propia. No son conceptos contradictorios ni opuestos, sino complementarios. ¿Tan inexacto sería reemplazar el significado lingüístico de Euskal Herria por Navarra, como el contenido estatal, jurídico-político de Navarra por Euskal Herria, aunque los dos nombres son absolutamente complementarios y se refieren a la misma gente, país y sociedad? Navarra, al estar sometida por la conquista continuada -que le infringen España y Francia- es dividida por ellas, de forma ilegal y contraria a derecho, en porciones arbitrarias e impuestas conformando provincias de las mismas. Navarra no es provincia de nadie, ni solamente dos territorios del Zazpiak Bat. Es la sociedad de Navarra entera quien debe ejercer el derecho soberano a vivir libre e independiente en el conjunto de la territorialidad propia.

¿Tú crees, con sinceridad, que existe la más mínima posibilidad de lograr la independencia con base exclusivamente a la comunidad lingüística de Euskal Herria? ¿Tú no crees que el núcleo sólido o punto de inicio de la recuperación de la independencia aquí es la existencia de una sociedad civil y política, plural, diferenciada y conquistada de continuo, haciendo abstracción de sus evidentes componentes identitarios? ¿Tú crees que se puede iniciar el camino de la independencia sin tener muy presente que el sujeto activo de la andadura es la propia sociedad conquistada, plural e intercultural? ¿Tú crees que es posible asegurar el futuro y los derechos de la comunidad lingüística de Euskal Herria sin haber recuperado la independencia de su propio Estado navarro?

La libertad significa, ante todo, la capacidad de acuerdo que tiene una sociedad para no ser dominada por otra y para vivir según las leyes que se da a sí misma. Navarra y libertad resultan un binomio jurídico-político determinante en la realidad colectiva de esta sociedad, de la que formamos parte la ciudadanía de las actuales Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. La unidad de las navarras y navarros es clave para la defensa de la libertad y el ejercicio de los derechos -también llamados Fueros-, y esto hará que sea posible alcanzar el bienestar de todas las personas. El ejercicio por la sociedad navarra de su soberanía presupuestaria exige denunciar al convenio/concierto, que es nulo de pleno derecho por la manifiesta desigualdad de las partes, la falta de equidad, y por ser una gran sanguijuela que chupa la sangre de esta sociedad. Por el contrario, sí está al alcance de la ciudadanía abrir la vía para romper con el saqueo y ejercer los derechos ciudadanos a tener unos presupuestos soberanos, salir de la crisis y conseguir la libertad y el ejercicio de la soberanía presupuestaria ajustada a los ingresos, sin fraude fiscal, y a las verdaderas necesidades de gasto, única forma de salir de la durísima crisis económica.

La amnistía la acuerda el poder del Estado para extinguir la responsabilidad penal, principalmente de sus ciudadanos, actuando sobre el delito mismo, generalmente de causa política, al extinguir toda responsabilidad penal o civil y anular los antecedentes penales. Es fundamental tener presente que en la práctica la amnistía solo se puede decidir a través del legislativo propio, por la sociedad que padece directamente la existencia de ciudadanos, miembros de la misma, con privaciones de sus derechos, encarcelados, desterrados, exiliados, perseguidos, por lo que no es una tarea de los estados de otras sociedades, y mucho menos si éstos no reconocen la conquista continuada que practican y les niegan también la condición de conquistados a los condenados y refugiados, por lo que no los consideran incursos en delitos políticos ni por tanto presos o refugiados políticos. La legalidad propia navarra antes de 1841 no permitía que los navarros fueran juzgados por tribunales ni con leyes extranjeras, no navarras, debiendo cumplir las penas en cárceles navarras, no extranjeras, es por lo que el ejercicio de la potestad de amnistiar -simultáneamente con el fin de la conquista- solo lo tiene el legítimo legislativo de la sociedad navarra. Únicamente el Estado propio, navarro, puede acordar la amnistía general a sus ciudadanos.

La legislación y jurisprudencia europea e internacional prohíbe expresamente la constitución de un Estado étnico y solo admite la legitimidad de la libre decisión de la sociedad adoptada democráticamente. Por ello resulta una tarea estéril esforzarse solo en buscar soluciones a los diferentes efectos de la conquista y no centrarse en su origen, recuperando la libertad. Como dijo Gandhi, “No se nos otorgará la libertad externa, sino en la medida exacta en que sepamos, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”. Aquí la recuperación del Estado navarro, territorialidad y sistema jurídico propio -legislativo, ejecutivo y judicial- supone el requisito indispensable de volver a tener la independencia interna y estar en condiciones de recuperar de inmediato la independencia externa, asegurando el estado del bienestar en el propio Estado europeo de Navarra.

Firman este artículo: Luis Abanda, Iñigo Ezkurra, Jaione Inda, Nestor Lertxundi, Diego Gorritxo, Koldo Andonegi, Andoni Aierbe, Ibon Arrieta, Mikel Los Arcos, Mikel Iriarte, Tomás Urzainqui, Miren Oiarbide, Iosu Zuazola, Joserra Antxia, Jakobe Palazio, Erramun Gerrikagoitia, Carlos Ucar, David Arraras, Agurtzane Gainza.

Share.