¿Existieron tropas navarras en la toma de Amaiur?

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POR PEDRO ESARTE MUNIAIN

En la respuesta a mi artículo, el señor Monteano da por hecha la existencia de dos interpretaciones históricas sobre Navarra, frente a las que se muestra equidistante, pero sin embargo él acepta la guerra de 100 años entre “agramonteses y beamonteses”, en lo cual yerra. Recomienda “cuidarnos de caer en relatos de buenos y malos”, cuando mi visión es entre dominados y ocupantes, cosa sustancialmente diferente, como ocurrió en realidad, ya que no había parcialidades enfrentadas civilmente y menos armadas. Y lo sostiene cuando fija “tropas navarras” en la toma del castillo, en contra de la documentación existente.

Los autores castellanos de la época (incluido Luis Correa que se supone testigo presencial), no mencionan dicha división. Los archivos castellanos, aragoneses y navarros, tampoco la mencionan. A destacar la profusa documentación consultada de la Cámara de Comptos, Protocolos notariales, Archivo Municipal de Pamplona, Rena y Procesos de la Corte Mayor y del Consejo Real, que tampoco lo mencionan. Y tampoco se llaman así los supuestos grupos, ni entre sí, ni entre ellos.

Nominar hoy agramonteses y beamonteses como parcialidades es falsear los hechos y caer en un presentismo ajeno a la documentación. Monteano presume de que “Los historiadores tenemos el deber de explicar el pasado, no de justificar el presente. Tenemos que exponer los hechos tal y como se produjeron, con rigor, valor y sinceridad […] para distinguir en todo momento el cómo fueron las cosas […] contextualizada política y mentalmente en su época […]”. Versión citada pero no seguida.

En cuanto a las “tropas navarras”, ni hubo tales tropas, ni fueron armadas, ni tuvieron quien las mandara. Los navarros presentes en Amaiur fueron obligados, y se dedicaron a abrir los caminos, arrastrar la artillería, acarrear los utillajes, las vituallas y los abastecimientos para los soldados. Su recluta fue hecha a los alcaldes de los pueblos, mediante las órdenes virreinales llevadas por comisarios militares, que requerían a la “llamada del reino” a los habitantes de los pueblos y muchos tuvieron que ir acompañando a sus animales de trabajo y carros requisados, para poder volver a casa con ellos.

Incluso Monteano cita el año 2010, la recluta forzada, reconociendo las dificultades de alistamiento: “las resistencias de los pueblos a aportarlos […] fueron muy grandes. Para obligarles, el virrey hubo de enviar comisarios acompañados de soldados, repetir varias veces sus requerimientos y amenazó con cuantiosas multas. Aun así, varios jurados de los pueblos prefirieron terminar con sus huesos en la cárcel”. ¿Dónde están entonces las tropas navarras beaumontesas?

Sobre el número de tropas castellanas, el recuento que hice para mis cifras no proviene sólo de los datos de Idoate (que también), pero como conoce Monteano mis datos se confrontan con las cifras dadas por los soldados que se asentaron en Navarra tras la conquista, y los fui recogiendo de procesos civiles posteriores. Al testificar, declaraban al regimiento al que pertenecían y los años y lugares donde lucharon. Las capitanías que menciona Idoate como participantes, son coincidentes en gran número con las declaraciones de los soldados castellanos que sirvieron en las tropas castellanas en Amaiur, y en otros hechos que detallé en el libro de la conquista.

También están confirmadas las entradas de nuevas tropas a Navarra tras el verano de 1521, que fueron llegando desde noviembre de ese mismo año y siguieron viniendo durante el primer cuatrimestre de 1522, y las que los meses previos, cubrieron las principales fortalezas de Navarra y Pamplona, dado que las tropas que acudieron a Amaiur fueron engrosadas hasta con las guarniciones existentes. Lo detallo en el libro de la Conquista, con datos contrastables y existentes en el propio ARYGN.

En esta situación, mantener que los cercados “sabían que la mayoría del ejército eran beamonteses y algunos agramonteses de la Cuenca de Pamplona movilizados forzadamente …”, tiene poco que ver con la reclamada necesidad de “exponer los hechos tal y como se produjeron, con rigor, valor y sinceridad […]”.

En cuanto a la carta de Aguerre, Monteano leyó mi copia, que se la tomé al P. Recondo, y a cuya trascripción sobre beamonteses y agramonteses no le doy crédito, tal como pongo en la 3ª edición del libro de la conquista. Aguerre y el rector Joanes de Elizondo se informaron de las tropas que traían los castellanos a Amaiur conversando con el espía de los castellanos, Martín de Ursua, y de un clérigo familiar suyo. Naturalmente, les mintieron en todo. Según la posdata de la citada carta, les dijeron que los castellanos tenían otro objetivo: “[…] sobre Fontarrabía van mucha gente de Castilla segun se dice que van todos los caballeros de Castilla con grande exército, y los guipuzcoanos con ellos. Que dicen que ya están en Urtubia y Vra. M. no habrá [no tendrá]socorro”.

Monteano me invita a acudir a Internet a ver este documento, pero ni está la carta ni tampoco han sido publicadas otras de las encontradas en la fortaleza en Internet como Cartas de Maya. El sabrá, como técnico superior del ARYGN, por qué no han sido puestas en la Red tras la realización del inventario y su publicación; y por qué han sido puestas otras que no pertenecían al fajo de las encontradas en la fortaleza.

También puede explicar Monteano, de donde deduce que el ejército total que fue a la toma de Amaiur, por una demanda de dinero que hizo el virrey a Carlos I (para 1.500 soldados de infantería, 400 hombres de caballería pesada y 200 de caballería ligera (-¿y la artillería?-). Las cuentas de la conquista son un capítulo muy extenso y lleno de marrullerías, del que ya explico algunas cuestiones en mi libro Rena II. Para la gente de la tierra la falta de pagos, fue lo cotidiano. Muchos pleitearon inútilmente para ser pagados cuando menos en los gastos y no lo consiguieron.

En este ambiente sacar la cuenta de asistentes por las cifras a pagar (Rena guardaba exquisitamente los recibos de lo pagado), resulta hacer cábalas y suposiciones, dado que mucha de la documentación citada está sin fechar y no contiene los recibos que justifiquen su pago. Yo recojo las demandas de pueblos que reclamaron el pago por su asistencia y nunca cobraron. Y nunca aludieron en sus demandas a su participación como tropa, y mucho menos como combatientes.

Si de los 2.500 beamonteses que se afirma en el artículo de Monteano hubieran sido soldados de tropa, habrían quedado datos de que sirvieron como tales, pero ni existen ni fueron pagados como soldados; razones suficientes para deducir que ha novelado su relato, más que ajustarse a la historia de lo que realmente ocurrió en Amaiur.

En fin, que para aportar el relato de hechos veraz, no sirven los títulos oficiales. Hace falta mamar de las fuentes del conocimiento con tenacidad y pasión propia para llegar a ser el padre de la criatura. Y Monteano sabe por qué le digo esto.

Publicado en Diario de Noticias

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